Odisea bajo el mar

Este domingo me embarqué en una nueva actividad, esta vez fue el buceo. Sin embargo,odisea bajo el mar la vivencia no fue como me esperaba.  Cuando se planteó realizarla todos los pensamientos eran positivos, me imaginaba los documentales de televisión, la película de la Sirenita….

En cambio, emociones que no hubiese imaginado, emergieron.

Todo empezó el día de la reserva. Cuando noté algo ansioso/preocupado a la persona encargada porque no sabía si tendría hueco para nosotros aquel domingo y me empezó a explicar que “claro hay gente que aunque sean mossos de escuadra o bomberos, les coge ansiedad bajo el agua…”

No le quise dar más importancia, “a mi eso no me va a pasar” (resonaba una vocecilla sabionda en mi interior), pero creo que algo en mi interior se quedó registrado, otra voz que me alertaba diciendo…cuidadín.

Llegó el día, domingo, 12h del mediodía y ya estábamos listos con el bañador…Nos dieron el traje de neopreno, cosa que necesité de 15 minutos para embutir mi cuerpo dentro de él (solo la mitad, la otra parte se introducía con posterioridad) y eso habiendo dado la altura y el peso (y eso sin mentir), lo cual quiere decir que sí, era ese el traje que me correspondía.

Caminamos unos 50 metros con aletas en mano y justo antes de entrar en la playa,  acabamos de introducir el resto del cuerpo, aquella otra mitad que nos habíamos dejado.

Ahí es cuando vi que mi traje incluso me quedaba grande, o tal vez tenía pocas tetas o mucho culo, pero algo no cuadraba…(“y yo que pensaba que era una chica proporcionada…”).

Para paliar el agobio dentro de aquella escafandra, nos dieron un cinturón de unos 8kg, que se suponía era para hundirte…y además la mochila, con el equipo reglamentario, …nada más y nada menos que 20 kg a tus espaldas…en ese momento empecé a cuestionarme, “mucho esfuerzo está soportando mi cuerpo para esto”…con un sol que derretía…

Atravesamos una pasarela y caímos al agua, por fin se aliviaron los 20 kg de sopetón, en vez de un caracol pasé a ser una rana boca arriba incapaz de rotar su cuerpo.

Yo, que el día anterior había estado al borde del precipicio, trepando por las montañas, no era capaz de rotar mi cuerpo unos míseros 90º.

Llegó la hora de ponerse las gafas, la máscara y empezar a respirar.

Empezamos a sumergirnos y empezaron a pitarme los oídos.

Un monitor empezó a darme instrucciones (que aunque antes ya las había explicado, era como si mi mente se quedara en estado de atontamiento; en ese momento te das cuenta que la calma y el sosiego es lo que más te van a servir, pero también que aunque hayas sido una gran aficionada al mar, aunque te gusten los deportes de riesgo, aún a pesar de todo eso…a veces, tu cuerpo, sin entender por qué, no responde y se siente frágil, vulnerable, desconectado.

Cuando conseguí entender el concepto regulación de oídos, y el sube y baja con los botoncitos del chaleco, allí sumergida en el fondo, había algo extraño en mí, era una sensación de drogadicción, de mareo, de estar y no estar a la vez, desvanecimiento…sentía que en cualquier momento mi cuerpo podía no responder, no era consciente de quien tenía a mi alrededor, solo que cuanto tal vez pensaba que estaba sola, aparecía el monitor y me preguntaba si estaba bien (y no es para alarmaros, habían 4 monitores para 8 personas) pero mi sensación interna era que estaba sola, una sensación de caos interno en un medio totalmente nuevo para mi.

Cuando veía los pececillos nadar a mi alrededor, pensaba…que hago yo invadiendo vuestro espacio, si yo tendría que estar en la superficie.

Y entonces pensé…

Cuantas veces nos habremos abocado en situaciones, actividades, trabajos, circunstancias de la vida que otros viven, resuelven con total tranquilidad y sin embargo nosotros nos vemos agobiados, inseguros, sintiéndonos extraterrestres,…

No es que la situación, la actividad, la circunstancia sea grave o no, difícil o no, el tema es…¿qué puedo soportar yo? ¿A que estoy preparada yo?¿Cuál es mi medio?¿y mi miedo?

Lo que puede ser peligro para uno, para otro es adrenalina que necesita para vivir.

Así como la calma y el sosiego que alguien necesita, puede ser trampa mortífera para otro.

Todos somos distintos, incluso nosotros de un día a otro.

Puede que un día estés tranquilo, sosegado, confiado y vives una circunstancia de forma agradable.

Otro día te pilla, estresado o tenso y lo puedes vivir como un infierno.

La cuestión es que no es el mundo exterior el que nos afecta, sino el cómo vivimos en nuestro interior cada circunstancia o cuan preparados estamos para afrontar según que experiencias.

Es bueno probar nuestros límites, descubrir nuestra vulnerabilidad, …

Cuando uno tiene un ansia de probar, de tener experiencias y de repente vive una situación en la que algo no es espectacular, o puede que incluso lo viva con cierta angustia o incomodidad, equilibra la balanza de sensaciones.

Porque la vida no es una línea exponencial, la vida es subir y bajar, es ciclo, es cambio, y esa combinación de experiencias, te ayuda a construir un equilibrio interno, un equilibrio de emociones.

Así que para que mencionar solo lo que disfrutamos, ¿por qué privarnos del poder compartir nuestros miedos, nuestras angustias, nuestras dificultades, nuestras limitaciones…?

Soy segura e insegura, valiente y miedosa, fuerte y frágil,  ambos a la vez, todo es dual en este universo, todo existe dentro de nosotros y es en ese equilibrio donde nada habita sin su opuesto, ya que nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud, sino en una continua transformación.

Ana CalderónAna Calderón  Artista, Terapeuta Gestalt y formada en Astrología Psicológica.

Combina sus conocimientos en terapia, arteterapia y astrología psicológica en pos del crecimiento personal y el desarrollo del potencial que aguarda en el interior de las personas.

Más información sobre Ana Calderón ; Contacta: contacto; consulta terapéutica: Consulta

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Un pensamiento en “Odisea bajo el mar

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